jueves, 7 de mayo de 2009

El día de la merendilla

Desde hace mucho tiempo se celebraba en el pueblo el día de la merendilla. La jornada era muy señalada en el calendario de los habitantes.
Después del siempre largo periodo de ayuno y abstinencia de comer carne los Viernes de "La Cuaresma", y pasada una semana del "Lunes de Pascua de Resurrección", había que darle una pequeña alegría al cuerpo, y dentro de las posibilidades de cada hogar, se celebraba una merienda-cena muy especial. Sin duda alguna la celabración pagana de este día puede estar emparentada con numerosas celebraciones de este tipo que tienen lugar en toda la región, como es el "Lunes de Aguas" de la provincia Salmantina.
Durante la Cuaresma, en aquel entonces,y sobre todo los Viernes, el premio al trabajo de media mañana se sustituía. No era el tradicional torrezno, sino sardinas arenques; al mediodía, se cambiaba la olla de cocido por un potaje de garbanzos con arroz y bacalao. Dado el duro trabajo en el campo en aquellos años, las personas que desempeñaban sus labores se veían desfallecidas a media tarde. Por este motivo ansiaban con ilusión la llegada del día de la merendilla, y así poder levantar las restricciones.
Los niños de la escuela también esperaban el día de la merendilla. Esa tarde no había clase, y el maestro recogía a todos los niños para llevarlos juntos a merendar al pinar. Además, la tarde estaba llena de numerosos juegos campestres.
También hay que destacar que en otras épocas la cantidad de alimentos no era excesiva (sobre todo en la época de la post-guerra), por lo que una merienda especial era una gran noticia para los niños.
El menú de media tarde consistía en una tortilla española o de huevos duros; a continuación, se tomaba una tajada de longaniza sacada de la olla de la matanza; y como postre especial, los hornos del pueblo elaboraban unas figuritas de pan fino y dulce para los niños.
Corría el año 1946 cuando una niña de 7 años acudía por primera vez a esta celebración. Cuando sus hermanos mayores distribuyeron los manjares y le dieron su parte, quedó tan exclamada que gritó:
-¿Y todo esto es para mi?.
Con lo cual hubo una gran carcajada de todos los que estaban en la fiesta, y ha sido ane´ctoda relatada durante muchas ocasiones.
La niña se llamaba Julia, y con el tiempo se covirtió en mi madre.
Falleció el pasado año, y quiero que estas líneas sirvan como un cariñoso recuerdo hacia ella, y hacia todos los que como ella compartieron tantas merendillas, y ya no se encuentran entre nosotros.

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